En algunas ocasiones creo que la
timidez se me mezcla con una cosa engañosamente humilde, no invasiva para con el otro.
El acercamiento se torna en un camino que no concluye. Concluye en ninguna acción.
Recuerdo con envidia esos besos robados que con tanto placer llegué a dar a quién deseaba pero suponía yo no le interesaba. Besos que me fueron robados. Que yo jamás me hubiera animado a dar por no ser una "desubicada".
Ese peldaño de seguridad sobre el que me paro no es más que una estructura vacía cuando tengo que empuñar la lanza.
Es verdad que tambien he tenido lejanos intentos y solo en 2 oportunidades me fue mal. En otras tenía la aprobación y en otros tomé de sorpresa.
Otras es mi propia duda de cuál será el futuro status quo de las cosas luego que haya hecho la movida. Es mi temor a perder cierto lugar (!?) de comodidad el que me impide transgredir ese límite autoimpuesto con quien me gusta.
No dudo en sentirme bien cuando me sale bien. La mayoría de las veces lo pienso demasiado. Sin embargo, a veces lo logro.
En los caminos de la vida amorosa siempre alguna que otra piedrita encontramos.
El otro día, hablando con mi ex de quién me separé hace ya casi 9 meses me comentaba que tenía pensado irse a Córdoba. Es como volver al primer amor, me dijo.
Sentí un par de cortes involuntarios en mi rostro.
Sé que no fueron dichos con ninguna intención. Ya que había alegría de su parte por poder encarar ese
proyecto y futura nueva vida. Un nuevo trabajo con gente que conoce. Irse a una provincia en la que vivió muchos años atrás. Lugar donde tiene amigos, donde vive la familia de su novia. En fin, si hacemos una línea en proyección, nunca mejor pensado. Un proyecto que nace de muchos cambios para ella, algunos no tan buenos, pero como que todo puede converger en algo mucho mejor.
Yo sentí sana envidia. Un dolorcito que aún siento. Siento la perdida y como la usurpación de un corazón que me pertenecía. Un rasguño profundo a mi orgullo. A mi deseo de permanencia y presencia. La distancia es cruel para mis planes lo sé.
Igual me prometieron asado como excusa para que vaya a visitarla. Pero sabemos que no es lo mismo. Aca puede que no la vuelva a ver en meses. Pero al menos sabemos que estamos. Que podemos cruzarnos. Que cruzamos gente en común. Que el entorno es más chico paradójicamente.
Y bueno, sentí que me achicaba. Sentí el mismo dolor de aquella tarde que una pareja de amigos me llamó a casa. Acababa de separarme. Tuve la excelente idea (realmente fue terapéutico sin saberlo de antemano) de estar pintando mi casa. Todo era un quilombo de cosas, pintura y poco espacio. Javier y Carlos me llaman para decirme que pensaban irse a radicar a Córdoba, en las afueras para armar un emprendimiento juntos. Estaban brindando con pena, con los nuevos compradores de su casa aca en Belgrano. Era todo muy rápido pero inamovible. O movible pero hacia otro win. En fin, sentí perder a mis amigos. Uno pierde parejas y es doloroso. Pero puede reconocer un cambio de formas de amar y seguir teniendo cerca de alguna forma a su ex. Al menos así lo hice siempre yo. A un amigo, si este se va, es como que uno pasa del dialogo diario a tener noticias muy esporádicamente. Más allá del messenger o mails. En fin, es viernes, tardecita y aún sigo con cierto nudito en la garganta.
Puedo ser muy fuerte. Puedo poner en mi corazón una persiana antibalas al dolor de un amor que no me quiere más. Pero la distancia física de alguien que estaba muy cerca mío me jode y mucho. Queda casi totalmente de mi alcance. A veces lo logro superar. Pero desde ayer que me cuesta ...