En algunas ocasiones creo que la
timidez se me mezcla con una cosa engañosamente humilde, no invasiva para con el otro.
El acercamiento se torna en un camino que no concluye. Concluye en ninguna acción.
Recuerdo con envidia esos besos robados que con tanto placer llegué a dar a quién deseaba pero suponía yo no le interesaba. Besos que me fueron robados. Que yo jamás me hubiera animado a dar por no ser una "desubicada".
Ese peldaño de seguridad sobre el que me paro no es más que una estructura vacía cuando tengo que empuñar la lanza.
Es verdad que tambien he tenido lejanos intentos y solo en 2 oportunidades me fue mal. En otras tenía la aprobación y en otros tomé de sorpresa.
Otras es mi propia duda de cuál será el futuro status quo de las cosas luego que haya hecho la movida. Es mi temor a perder cierto lugar (!?) de comodidad el que me impide transgredir ese límite autoimpuesto con quien me gusta.
No dudo en sentirme bien cuando me sale bien. La mayoría de las veces lo pienso demasiado. Sin embargo, a veces lo logro.